En un proyecto desarrollado con metodología BIM, la calidad no depende únicamente de que el modelo «se vea bien». Un modelo puede estar correctamente representado en términos geométricos y, aun así, contener información incompleta, desactualizada o inconsistente que termine generando errores durante la construcción o la operación del activo.

Trabajar con BIM también implica revisar. Y revisar no significa esperar al final del proyecto para detectar problemas, sino incorporar controles que permitan verificar, de manera continua, que la información mantiene la calidad necesaria para cumplir su propósito. Con este criterio, nacen las auditorías BIM.

A una auditoría, muchas veces se la asocia con una inspección final o con una instancia destinada a encontrar fallas. En BIM, el concepto es bastante más amplio, es un proceso sistemático que permite revisar y verificar que la información del proyecto cumpla con los estándares, requisitos y objetivos definidos desde el inicio. Entonces, responde preguntas como, ¿La información es consistente?¿Los modelos respetan los estándares definidos? ¿Los datos están completos?¿Los equipos están trabajando bajo los mismos criterios?.

Responder estas preguntas de forma periódica nos puede salvar de que pequeños desvíos se conviertan, más adelante, en problemas mucho más difíciles de resolver.

Aunque todas tienen un mismo propósito las auditorías BIM pueden enfocarse en distintos aspectos del proyecto según lo que se necesite verificar.

Las auditorías de proyecto son las más conocidas. Se centran en comprobar que el desarrollo responda a los requerimientos del comitente, que se cumplan los objetivos definidos desde el inicio y que las soluciones propuestas sean viables desde el punto de vista constructivo. También permiten verificar el cumplimiento de normativas y evaluar aspectos como simulaciones, análisis o documentación generada a partir del modelo.

Las auditorías de modelado ponen el foco en la calidad del modelo en sí. Analizan si está correctamente estructurado, si la información que contiene es suficiente y consistente para la etapa del proyecto, y si los estándares de modelado se están aplicando de manera adecuada. También revisan aspectos como las relaciones paramétricas, los niveles de información, la interoperabilidad y los flujos de trabajo definidos para el equipo.

Por su parte, las auditorías de integridad referencial buscan asegurar que toda la información mantenga relaciones coherentes entre sí. Verifican que la clasificación, la nomenclatura y la codificación de los elementos sean consistentes y que no existan vínculos rotos, datos duplicados o información que pueda perder trazabilidad a lo largo del proyecto.

Finalmente, las auditorías del manejo de la información se enfocan en el Entorno Común de Datos (CDE). Revisan que los protocolos definidos para compartir información se cumplan correctamente, que los permisos de acceso estén bien administrados, que el versionado de los archivos sea el adecuado y que el flujo de información permita una colaboración ordenada entre todos los participantes del proyecto.

La calidad también se construye durante el proyecto

Cuanto más se demora una revisión, mayor es el impacto que puede tener un error sobre el resto del proyecto.

Por eso, las auditorías suelen integrarse al flujo de trabajo mediante revisiones continuas, controles por etapas, verificaciones en hitos importantes y análisis específicos cuando se producen cambios relevantes. Detectar un inconveniente en las primeras etapas suele requerir mucho menos esfuerzo que corregirlo cuando el proyecto ya avanzó o cuando distintas disciplinas trabajaron sobre información incorrecta. Entonces, auditar acompaña el proyecto mientras evoluciona.

La tecnología ayuda, pero el criterio sigue siendo fundamental

Hoy existen herramientas que permiten automatizar una gran parte de las verificaciones. Pero ninguna reemplaza el análisis técnico.

Las plataformas pueden señalar una interferencia o advertir que un parámetro está vacío. Lo que no pueden hacer es interpretar si esa información responde realmente a los objetivos del proyecto o si una decisión de diseño es la más adecuada.

El verdadero valor está en asegurar que el modelo siga siendo una fuente confiable de información para todos los actores involucrados.