Stella Flah compartió en la Cámara Argentina de la Construcción cómo trabaja su estudio con BIM y por qué cambió la forma de vincularse con sus clientes.

El 16 de septiembre nos juntamos en la Cámara Argentina de la Construcción para escuchar a Stella Flah, que vino a contar cómo es trabajar con BIM desde adentro de un estudio, con los aciertos y también con las dificultades. El encuentro se llamó «Alianzas estratégicas: construyendo valor a través de BIM», y la idea que lo atravesó fue simple: un estudio puede ser mucho más que alguien que entrega planos.

Un modelo es una base de datos

Stella empezó por aclarar de qué se trata. En su estudio no se trata de dibujar mejor, sino de construir una base de datos donde se va cargando toda la información técnica y visual del proyecto, etapa por etapa. Con ese criterio, el modelo se vuelve un espacio común donde conviven arquitectura, estructura e instalaciones, y donde todos trabajan sobre la última versión.

Contó además cómo se organizan. Son entre cinco y seis profesionales que trabajan de manera totalmente remota, conectados a servidores y máquinas que están físicamente en el estudio. El proceso arranca con la volumetría en FormIt, sigue con el anteproyecto en Revit y pasa por Navisworks para detectar interferencias antes de generar la documentación ejecutiva. También habló de Enscape para recorrer los proyectos en tiempo real y de Veras, una herramienta de inteligencia artificial que usan para trabajar materialidad y atmósferas, siempre con una condición: que respete la volumetría proyectada. En obra, usan Autodesk Build en tablets para tomar notas y resolver consultas rápidas en el terreno.

Distintas formas de aliarse

Una parte importante de la charla se dedicó a los modelos de alianza que el estudio fue armando. Con los estudios de arquitectura trabajan en dúo: reciben croquis o archivos CAD, modelan en Revit, detectan interferencias y sostienen reuniones semanales para ajustar el diseño en conjunto. Con las constructoras, el vínculo pasa por la coordinación de contratistas, la planificación 4D y el manejo del entorno común de datos. También aplican BIM en obras propias, bajo protocolos que ya tienen definidos hace doce años, y a veces actúan como especialistas de una disciplina, desarrollando elementos complejos como las fachadas que después se integran al proyecto general.

Lo que dejaron los proyectos

Stella repasó algunas experiencias concretas. En el Teatro General San Martín, el desafío pasó por las restricciones para contratar nubes de puntos y por la falta de soporte administrativo para el entorno común de datos. En el Aeropuerto Internacional de Córdoba y en la Torre de Control de Jujuy se incorporó con seriedad la coordinación de instalaciones. En Bariloche del Este modelaron un terreno de 130 hectáreas, con foco en la visualización y el plan urbano. Y en Aeroparque el trabajo se apoyó en recorridos diarios y correcciones rápidas a través de planos ejecutivos.

La parte difícil

Stella no esquivó el costado menos amable del tema. Explicó que BIM reduce costos globales al evitar errores en obra, pero que todavía cuesta que algunos empresarios vean quién ahorra exactamente en la cadena. Sumó a eso un contexto económico inestable que empuja a pensar en el corto plazo, cuando BIM pide inversión en cultura organizacional y una mirada de mediano plazo.

Dejó también una advertencia para quienes están por empezar: muchos estudios fracasan cuando tratan a BIM como un programa y no como una forma integral de trabajar.